Deseo en la penumbra

Hay noches que en la penumbra del silencio me descubro danzando con la luna. Sutil y cuidada coreografía que se desliza dando paso a un susurro tenue en el que resuena el eco de una pasión contenida.

Y aunque el reloj me persigue, marcando las horas de esa forma inexorable que me exaspera, el tiempo decide pararse en mi piel, localizando un deseo que arde esperando hallarte en la sombra de mi contenida sonrisa sonrojada.

Sólo el insomnio nos hace compañía, siendo cómplice de unos sueños inquietos donde nuestros cuerpos se rozan sin haberse tocado aún.

Y sin esperarlo, descubro tus ojos, que me atrapan en un misterio penetrante.


Cada pensamiento es una chispa; 

cada suspiro, un anhelo profundo; 

y a cada minuto que pasa

nos vemos envueltos en la oscuridad 

con el deseo creciendo sin límites.


¿A qué sabe la textura de tu piel? 

Será en el abismo de tu mirar donde aprenda a vivir la intensidad en un instante. 

Así, en esta vigilia compartida, mi deseo te busca en la noche, esperando el amanecer de tu presencia, para fundirnos en un solo aliento.

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